- El libro que acaba de publicar es un ensayo político escrito con ironía y sentido del humor. ¿Qué pretende usted con este libro? ¿Cuál es el motivo que le llevó a escribirlo?
- El principal objetivo que persigo con este libro es hacerme rico gracias a él, propósito noble donde los haya aunque la dictadura de lo políticamente correcto aconseje no ser tan sincero en estos asuntos. Curiosamente los que critican a los ricos desde la izquierda lo son en grado superlativo, o sea que forrarme con las ventas de este libro podríamos decir que es algo exquisitamente progresista. No pretendo cambiar el mundo, ni mejorar la sociedad, ni denunciar los males del sistema (para eso ya están los iconos progres con sus libros, sus manifiestos y sus películas absurdas), tan sólo contribuir a que mis lectores pasen un buen rato y, eventualmente, insisto, ganar un pastón.
- Su libro se titula “Cómo convertirse en un icono progre”, casi como un manual de autoayuda. Normalmente estos libros los suelen escribir los expertos en la materia de que se trate y usted no parece ser un icono progre precisamente.
- Tiene usted razón. Ya me gustaría a mí ser un referente progresista, para pontificar sobre los males del capitalismo desde mi lujoso ático en el barrio de Salamanca. Sin embargo, modestamente, he de decir que he dedicado mucho tiempo al estudio del fenómeno progre y creo haber descubierto las claves para alcanzar el éxito en el ecosistema progresista.
- ¿Cuáles son esas claves?
- Pues la principal es articular un mecanismo psicológico para que tu conducta personal no afecte a tu ideología. Si los progres hicieran con su vida todo aquello que exigen a los demás serían unos perfectos desgraciados, de ahí que lleven un exquisito cuidado en no poner en práctica aquello que predican. Hay más elementos que resultan necesarios para convertirse en un icono progresista, pero para descubrirlos tendrá usted que comprar el libro.
- ¿Odia usted a los progres?
En absoluto. Al contrario, me producen una gran ternura. Cuando veo a un mozalbete alternativo aporreando los timbales étnicos, o sea, luchando por un mundo más justo, me produce un gran orgullo que en mi país haya gente tan comprometida con los valores progresistas, a saber: paz, humanidad, diálogo, talante, mestizaje y tolerancia. Precisamente porque creo que todos tenemos una deuda con estos luchadores filántropos, he decidido ayudarles con mi libro a que alcancen el éxito en el duro camino que ha de recorrer todo progresista en ciernes.
- ¿Cómo llega uno a convertirse en un icono de la progresía?
- Pues en realidad de muchas maneras, que sin embargo guardan siempre un elemento común: vivir a costa de los demás, a ser posible firmemente amorrados a la teta presupuestaria. El llamado Estado del Bienestar ofrece un universo de posibilidades para medrar de lo ajeno. Sólo se trata de detectar la situación de esas ubres y aprender a succionarlas. Los referentes, digamos, intelectuales del progresismo son unos virtuosos en el arte de la detección y ordeñe del presupuesto público. En mi libro cuento al lector cómo lo hacen, lo que supondrá una enseñanza impagable y muy nutritiva para quien quiera seguir sus pasos.
- ¿Va usted a hablar en serio en algún momento de esta entrevista?
- Perdone usted pero yo hago siempre gala de una gran seriedad y circunspección. No olvide que no hay nada más serio en este mundo que el humor.
- ¿Qué le han dicho las personas que han tenido la oportunidad de leer algún adelanto de “Cómo convertirse en incono progre”?
- Pues en realidad nada, porque las carcajadas les impedían articular frases inteligibles. A través de correos electrónicos el mensaje principal es que se lo han pasado teta leyéndolo, cosa que me congratula, y que cuando han podido acabar de reír muchas cosas del libro les han hecho pensar, cosa que me alegra más aún. Criaturitas.
- Su primer libro se tituló “La dictadura progre”, en este segundo libro vuelve a tocar el tema del progresismo ¿Piensa hacer una trilogía o algo así?
- ¡Sí hombre!, como El Señor de los Anillos o la saga de Star Wars, no te fastidia. No. Creo que mi deuda con los “luchadores por un mundo más justo” está más que saldada con estos dos libros que les he dedicado. En el futuro creo que me dedicaré a escribir sobre cosas distintas, salvo que mi editor me obligue a lo contrario, aspecto que no debemos descartar de antemano. Ahora bien, si se cumple mi objetivo con este libro y me hago asquerosamente rico como Almodóvar o Al Gore probablemente me dedique yo también a salvar al mundo y la democracia y no vuelva a escribir nada sensato en mi vida. ¡Quien sabe!