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MAURICE CAILLET, DE ‘VENERABLE’ MASÓN A CATÓLICO CONVENCIDO: “La masonería me llevó a la desgracia y a la dependencia” (Semanario Alba)
Entre 1968 y 1983, el doctor Caillet fue un miembro activo del Gran Oriente de Francia. Hasta que una visita a Lourdes cambió su vida. En esta conversación exclusiva con ALBA, nos desvela no sólo el proceso de su conversión, sino también los entresijos de la masonería y sus peligros, sus encuentros con el demonio y su amor a“Jesús,que actúa en nuestras vidas”.
J. M. Ballester Esquivias. A principios de la década de los ochenta, Maurice Caillet era un prestigioso cirujano-ginecólogo afincado en Rennes, capital de Bretaña. En 1982, su mujer Claude cayó gravemente enferma, por lo que le sugirió, para recobrar la salud, pasar unos días en Font-Romeu, una conocida estación de los Pirineos. Pero el aire de la montaña no surtió efecto. Así que, de regreso a Bretaña, decidieron pararse en Lourdes. “Para mí, podía suponer un choque psicológico, por no decir cosmo-telúrico”, comenta.
Y tanto. Hijo de un médico racionalista y antirreligioso -“pero no masón”, precisa-, llevaba casi tres lustros como miembro activo del Gran Oriente, la principal organización masónica francesa. Hasta tal punto que alcanzó el grado de Venerable.
“¿Qué ofreces?” “Mientras ella estaba en las piscinas, el frío me obligaba a refugiarme en la Cripta, donde asistí, con interés, a la primera misa de mi vida. Cuando el cura, al leer el Evangelio, dijo: ‘Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá’, se produjo un choque tremendo en mí porque esta frase la oí el día de mi iniciación en el grado de Aprendiz y la solía repetir cuando, ya Venerable, iniciaba a los profanos”.
Prosigue Maurice: “En el silencio posterior -pues no había homilía- oí claramente una voz que me decía: ‘Bien. Pides la curación de Claude. Pero ¿qué ofreces?’. Instantáneamente, y seguro de haber sido interpelado por Dios mismo, sólo me tenía a mí mismo para ofrecer. Al final de la misa, acudí a la sacristía y pedí inmediatamente el bautismo al cura. Éste, estupefacto cuando le confesé mi pertenencia masónica y mis prácticas ocultistas, me dijo que fuera a ver al arzobispo de Rennes”.
Sin embargo, de vuelta a su casa se topó con unos amigos, miembros de la Iglesia galicana, una rama del catolicismo francés ultraminoritaria. En su seno recibió el bautismo.“La Gracia no había apagado todavía mi orgullo masónico”, reconoce. Tres años después, fascinado por la figura de Juan Pablo II, pidió su ingreso en la Iglesia Católica.
Mientras tanto, Claude se curó rápidamente y confesó su fe a su marido, algo que no hizo antes al estar algo cohibida por su anticlericalismo. Maurice admite que tras su bautizo recibió algún que otro ‘toque’ del demonio. “Me apunté a unos cursillos de Teología por correspondencia y me levantaba a las cinco de la mañana para estudiar. Más de una vez, fui interrumpido por risas burlonas o visiones oscuras y sórdidas. Se esfumaban en cuanto rezaba un avemaría”.
Hoy, Maurice es un católico convencido. Ha escrito cinco libros y ofrece su testimonio a quien se lo pida y participa en las actividades de Renovación Carismática. “Fue un encuentro fortuito y providencial. Unos amigos nos propusieron participar en una reunión. Hemos asistido a curas espectaculares, hemos conocido carismas y comunidades nuevas y, sobre todo, hemos recibido la efusión del Espíritu Santo: esto ha vivificado nuestra fe en el Jesús vivo y que actúa en nuestras vidas: ya no se trataba de una abstracción, de un principio, ni de un Gran Arquitecto del Universo o de un simple Dios creador, sino de una persona que nos ama y a la que adoramos. Era con el que me había encontrado en Lourdes”.
Masonería y cristianismo. El antiguo Venerable del Gran Oriente no pierde oportunidad de alertar sobre el peligro que representa la masonería. Critica el tratamiento que suele recibir en la prensa, donde se la presenta como una “asociación filosófica y filantrópica que busca el progreso del hombre y de la sociedad”. Asimismo, resalta lo poco que se menciona a los “altos grados”, mucho más esotéricos y en los que se cuestiona con insistencia la primacía del Magisterio de Roma.
Masonería y cristianismo son radicalmente incompatibles por la sencilla razón de que la primera pertenece a la ciudad de los hombres de san Agustín —“el amor de sí mismo despreciando a Dios”—, mientras que la segunda es, siempre para san Agustín, la ciudad de Dios —“el amor de Dios despreciándose a sí mismo”—. A Maurice, el compromiso masónico le llevó a la desgracia e incluso a una especie de dependencia. “Tendemos a conformarnos al alma del clan (la logia) y a la filosofía de la obediencia (relativismo y hedonismo). Por otra parte, en el plano moral perdemos nuestra libertad de manera insidiosa, pues hemos jurado apoyar a nuestros ‘hermanos’, incluso poniendo su vida en peligro, podemos incurrir en compromisos espurios y en la corrupción”.
Como médico católico, Maurice es un defensor acérrimo de la vida y de las costumbres sanas. Si en un primer momento defendió la “liberación de las costumbres”, actualmente arremete contra la anticoncepción, que ha fomentado el “vagabundeo sexual y permitido la expansión de las enfermedades sexualmente transmisibles, que prácticamente habían desaparecido”. Respecto al aborto, trae a colación una interesante anécdota sobre la influencia masónica en su legalización. “Cuando era cirujano, estuve involucrado en las luchas a favor de la contracepción y de la legalización del aborto. El debate sobre este último fue introducido en las logias del Gran Oriente y lo continuaron Prouteau, Gran Maestre del Gran Oriente y asesor de Giscard y un asesor de la ministra Simone Veil. En la votación parlamentaria, los diputados masones, de izquierdas y de derechas, votaron como un solo hombre”.
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